La frecuencia en la narración

Tipos de Narración

Para Genette exiten tres tipos de narración donde ubica las relaciones de frecuencia y repetición entre el relato y la historia: La Narración iterativa que se presenta cuando se narra una vez lo que ha sucedido varias veces; la Narración singulativa, cuando se narra una vez lo que ha ocurrido una vez; y también la Narración  repetitiva  que se da cuando se narra varias veces lo que sucede una vez.

1.  Narración iterativa (o sintética)

Narrar sin detalles lo que sucede cotidianamente es lo que Genette llamó Narración iterativa, es decir que narra una vez lo que sucede varias veces,  o aquello que ya se narró con anterioridad.  Sirve para dar un panorama de la acción, para evitar repeticiones innecesarias que hagan aburrido el texto.  Como su nombre lo indica, se narra haciendo una síntesis, es decir de forma resumida.

Imagínense esto:

La madre envía a Caperucita a llevarle comida a su abuelita; como de costumbre, le aconseja que no se distraiga y que no hable con extraños; como buena desobediente,  Caperucita habla con el lobo.  Éste se adelanta a la niña, se deshace de la abuela, se viste con el camisón de la anciana y espera a Caperucita; después de 400 años de existencia, Caperucita todavía no distingue entre la voz del lobo y la de su abuela, sigue haciendo preguntas tontas hasta que el lobo se desespera e intenta comérsela; el cazador-guardabosques-leñador como es su papel, acude a salvar a la niña y a la anciana; ya sabemos que ganan los buenos.

¿Y dónde está la emoción, la tensión narrativa, esa sensación de vivir por momentos lo que el protagonista está sintiendo?  Esta forma de narrar agiliza el paso del tiempo porque da cuenta de la acción de manera suscinta, y por lo mismo, no puede detenerse en detalles que nos internen en la emocionalidad de los personajes.  Es como si nos contaran una película o cuando vemos una toma multitudinaria, ya en las batallas o cuando la gente camina por las calles atestadas.  Es como un alejamiento de cámara con fondo musical o de ruidos ambientales. Sirve para aquellos pasajes que expliquen, que muestren cómo viven nuestros personajes o en qué ambiente se desarrolla el cuento, estos pasajes no pueden ser los pilares de nuestro cuento, por ejemplo podemos usar la narración iterativa durante el desarrollo del conflicto. No es conveniente utilizar esta herramienta para escribir un cuento completo con ella, es necesario crear escenas donde los personajes encarnen, es decir, poder escucharlos, olerlos y mirarlos con detalles con el fin de que los lectores puedan vivir la historia junto con ellos, para eso existe la narración singulativa.

  • Leer “La lluvia” de Arturo Uslar Pietri, pp.384

2.  Narración singulativa (o encarnada)

Encarnar, para nuestros fines, quiere decir dotar a la narración de carne, sangre, voces, sentidos, pensamientos, colores y emociones.  Esto es, narrar detalladamente lo que está sucediendo, puesto que sirve para situar al lector en la escena. Al usar este tipo de narración, estamos tomando de los ojos a nuestro lector y lo estamos involucrando en aquello que contamos.  Para lograrlo tenemos que recurrir a la descripción y los diálogos. Casi todos los buenos cuentos se apoyan en su narración encarnada.  Esto implica más que ver la película, estar dentro de ella.  Con esta técnica narramos lo que sucede una sola vez. Desde los cuentos de la antigüedad hasta nuestros días, se ha echado mano de este recurso para contar.  Cuando utilizamos la narración encarnada, son los propios personajes los que actúan para los lectores.

Caperucita no es la excepción, veámosla entrando en situación límite:

Había caminado durante más de dos horas desde el encuentro con aquel lobo tan amable que con buena intención le había indicado el camino, pero a la niña le pareció más largo, más lindo también, por el camino de las agujas se detuvo a ver manzanos enormes que acompañaban las tonadillas de los ruiseñores, ella nunca antes se había aventurado por allí, la próxima vez que viniera con su madre la traería por ese camino, iba a ser como un paseo, podrían sentarse bajo la sombra de los árboles a dormir una siesta entre los aromas dulzones de las manzanas ya maduras. En eso estaba pensando cuando divisó la casa de paredes blancas y pequeñas tejas donde vivía su abuela.  Se acercó y golpeó con los nudillos suavemente la puerta de madera. Supuso que la anciana estaba dormida porque nadie le respondió.  Entonces giró el picaporte y entró.  Desde la puerta vio el cuerpo dormido de su abuela sobre la cama, traía puesto el camisón blanco, ése que entre ella y su madre habían bordado para regalárselo en su último cumpleaños.  Casi sin hacer ruido se acercó al lecho, notó un olor picante en el ambiente, seguramente era producto de las tizanas que su abuela preparaba para curarlo todo.  Al acercarse un poco más vio que de entre las sábanas y el gorro de dormir parecía brotar un puñado de cabellos entre grises y negros.  La abuela-lobo se revolvió entre las sábanas, se dio la vuelta y se incorporó un poco y todavía con la sábana apenas debajo de los ojos dijo mirándola con verdadero deleite:

—Ay, Caperucita, ya llegaste, estaba dormida, no te oí entrar.

Mientras el lobo-abuela hablaba, Caperucita estaba pensando: “Pobre de mi abuelita, seguramente la fiebre le ha inyectado los ojos y el enfriamiento le ha enronquecido la voz.”

—Acabo de entrar, abuelita, ¿cómo sigues? –dijo entrecerrando los párpados para identificar qué era lo que le había pasado a la anciana con la enfermedad, porque en definitiva, ella la veía rara, pero no quería decir nada, no fuera que su comentario angustiara a su abuela y la pusiera peor.  Pero el olor, ese olor le recordaba algo a la niña, no parecía eucalipto ni canela.  Olía más bien a bosta de vaca, qué tal que además de la gripa, a la abuela le hubiera dado diarrea también. “Pobre abuelita”, volvió a pensar Caperucita.

—Ven, querida, acércate, dame un beso –susurró el lobo-abuela tratando de ocultar la salivación que le causaba la proximidad del manjar vivo.

      La niña arrugó la nariz, retuvo la respiración y se acercó un poco más.

Con la narración encarnada, no sólo oímos lo que dicen los personajes, sino que sabemos qué sienten, qué piensan, qué ocultan también; a través de los demás sentidos nos situamos en medio de la acción.

En el momento de plantear y en el clímax, es indispensable utilizar la narración encarnada o singulativa, el equilibrio entre ambas formas de narrar hace que el cuento avance y sea vívido.

  • Leer el “Niño junto al cielo” de Enrique Congrains Martín, pp. 497

3.  Narración repetitiva

La Narración repetitiva  se da cuando se narra varias veces lo que sucede una vez, esto además de dar un carácter de fijación a una escena, muestra un narrador obsesionado por un momento en particular del cuento, o puede dar pie a que se narre desde la perspectiva de los distintos personajes, que se despeguen del mismo momento para proponer su versión de la historia.   Quizá lo aconsejable al usar esta forma de narrar sea unas cuantas líneas que den pie a una narración encarnada o  singulativa.   Si tomamos el ejemplo de la Caperucita, eso quedaría más o menos así:

La niña hizo la que sería su última pregunta:

––Y ¿por qué tienes esa boca tan grande abuelita?

Y el lobo respondió salivando:

––¡Para comerte mejor niña!

Entonces se lanzó tras ella, pero la niña corrió y comenzó a gritar desesperadamente, mientras se lamentaba por haber confiado en aquel extraño que la había engañado.  La niña gritaba y aquel grito le salía del fondo del cuerpo, donde se almacena el terror y le resonaba sobre el paladar como si fuese una catedral gótica y también en cada uno de sus huesos.  Fue tal el grito que atravesó las paredes de la casa de la abuela, voló entre los troncos y el follaje de los árboles hasta llegar al cazador.

 

 

…La niña hizo la que sería su última pregunta:

––Y ¿por qué tienes esa boca tan grande abuelita?

Y el lobo respondió salivando:

––¡Para comerte mejor niña!

Entonces se lanzó tras ella, pero la niña corrió y comenzó a gritar desesperadamente, el lobo salivaba continuamente mientras maldecía su suerte, ¿cómo  había podido fallar la tarascada, estaba pagando su error, si de un solo mordisco podía haberle arrancado el pescuezo y en este momento no estaría pegando esos gritos destemplados que herían sus delicadas orejas, él era un lobo, no un humano, esos no oían bien, ellos no tenían que escuchar los ruidos de la naturaleza para sobrevivir, bípedos sordos…

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11 Respuestas a “La frecuencia en la narración

  1. Estimada Profesora: Transmito mi satisfacción por este blog, que Ud.pone tan generosamente a nuestra disposición. Es un placer seguir sus conceptos, tan claros y precisos.

  2. Estimada: la felicito por el blog, tiene mucha información importante para la comprensión de la teoría literaria. Me ayuda mucho con unos trabajos que necesito para la universidad de análisis de textos. Muy agradecida !

    • El cuento trata de un solo conflicto y el autor debe utilizar la mayor economía del lenguaje para hacer el planteamiento, el clímax y el desenlace, pero esto no significa que el cuento deba ser cortísimo. Hay cuentos de 60 cuartillas, pero lo esencial es que solamente exista un conflicto

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